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30 de mayo de 2010

La Cumbre más Alta. El Camorro.

Tenemos dos posibles salidas.
IMG_5708Desde la plaza dirigiéndonos a la calleja del pino para llegar al camino de los castañares. O, desde el Solaire nos dirigimos al camino de los castañares como si fuéramos ha realizar la ruta a los castaños de calabazas.
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Nosotros elegimos la primera, salimos desde la plaza, nos dirigimos a la calleja del pino hasta llegar al camino de los castañares, es una subida prolongada, vemos castaños de viga, de fruto, rebollar y robledar, estan en el apogeo.
Llegamos al Postuero, pasamos unos minutos observamos nuestros alrededores, a lo lejos vemos nuestro destino. Emprendemos la subida al Camorro, es una gran subida a nuestra parte derecha encontramos varios balcanes para almacenar agua. Piedra que miremos da igual que sea grande o pequeña, todas tienen fósiles por todos los lados, se encuentran de: caracolas, conchas, crucianas y demas ser vivo del mar ya que esto antes todo era mar.
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Según seguimos vemos arena no propia de estas tierras, paramos a tocarla y es como la arena que se encuentran en las playas, en el punto más alto de este cerro paramos para descansar, todavía nos queda para llegar al Camorro, levantamos la marcha y ponemos vista al Camorro allí vamos.
IMG_5909Bajamos este Cerro, llegamos a su valle que comparte con el Camorro, buscamos el cortafuegos, seguimos hasta llegar arriba ya solo nos queda pequeños canchos hasta la cima del Camorro.
Ya estando en la cima, miramos a todas partes con el cielo nublado no nos deja ver los pueblos de los alrededores, el tajo se deja ver un poco, nos movemos por la cima, vemos restos de edificaciones de piedras llamadas trincheras (puestos de vigilancia) de la posguerra, desde ahí vigilaban la carretera de Castañar-Navalmoral, Castañar-Guadalupe y el camino de Robledollano a Castañar.
Ya nos dirigimos hacia abajo una larga bajada de pedrera y monte bajo. Hasta llegar al camino de Fuente Fria que dirigiendonos a la plaza para comentar las cosas que hemos visto.

19 de mayo de 2010

Los Canchos de las Majaillas o Asomailla


Está ruta, vamos a empezar igual que la ruta de calabazas, hasta llegar al camino de los Castañares, estando en este nos dirigimos al Camino de Fuente Fría.
También podemos empezar desde el Solaire, dirigiéndonos al camino de los castañares y desde este nos desviamos al camino de Fuente Fría.


Estando aquí empezamos la subida hasta llegar a los Canchos, nos adentramos en una vereda que nos llevara hasta nuestro destino.
A pocos metros encontramos un asentamiento, no se sabe que utilidad tendría en sus años, en el medio hay un refugio que esta relleno de piedras, si te atreves entra pero antes tienes que dar un palo por si hay algún animal.
Alrededor se encuentra unas ruinas que parecen ser de un castro celta. Nos dirigimos a los Canchos, ya aquí quien se atreva puede subir a las partes mas altas, desde allí se puede contemplar Castañar de Ibor y Navalvillar de Ibor.









Exploramos la zona vemos una gran variación de acumulación
de fósiles, también hay algunas pinturas medio escondidas .

Si se es atrevido puedes seguir andando hacía arriba hasta llegar a la cima del Camorro ya que estamos en mitad de la montaña.














Seguimos el rumbo hacía Castañar nos dirigimos ladera abajo, hasta llegar a la carretera, estando aquí seguimos hasta llegar a Fuente la Cesta, para refrescarnos, hablar sobre las cosas que hemos visto, y seguimos hasta llegar al Solaire.

18 de mayo de 2010

Historia de La Avellaneda

De la primera civilización de la que se tiene constancia de la aldea de La Avellaneda es de la civilización romana, aunque  quedan pocos restos. IMG_6053

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Su presencia en este lugar se debería seguramente al posible aprovechamiento agropecuario, así como al minero:

mercurio (en este pueblo), grafito (en Fresnedoso de Ibor, cerca de La Avellaneda), estaño (en Valdazores, Castañar de Ibor), hierro (en Castañar de Ibor), pirita y plomo (en San Román, Castañar de Ibor), etc.

imagesTambién el asentamiento en este lugar:   por la relativa cercanía de Augustóbriga (Talavera la Vieja) hoy que se  encuentra bajo el Tajo, que se convirtió en ciudad durante esa época y cuyos habitantes edificaron y explotaron villas en sus alrededores, sobre todo en las tierras más fértiles (San Román y otras); y la construcción del puente del Conde, que data de esa época.

Otro factor que se ha de tener en cuenta para entender que seguramente los romanos se asentaron en este lugar es que, al menos en los períodos más pacíficos, existe la posibilidad de que una calzada romana secundaria comunicara Augustóbriga con el sur de Extremadura (Trujillo, Mérida, …), a través del valle del Ibor. También es cierto que esta zona era muy peligrosa en aquella época tan conflictiva; lo que se convierte en posiblemente la causa fundamental del asentamiento en La Avellaneda (al convertirse este pueblo en una especie de “refugio” del peligro).

La existencia de La Avellaneda en el siglo XIII sí que es segura, ya que se tiene constancia escrita de esto (el rey Sancho IV el Bravo, hijo de Alfonso X el Sabio) donó la dehesa de Castrejón de Ibor (todo el territorio comprendido entre los ríos Tajo, Ibor y Gualija) a la ciudad de Talavera a finales del siglo XIII, cosa que consta en la cesión de dicha dehesa, llevada a cabo el 15 de mayo de 1293 en Valladolid, en la cual aparece la siguiente frase: “que se encuentra hacia Navalvillar y La Avellaneda”, (lo que comprueba que sí existía ya para esta época).

La Avellaneda y Navalvillar de Ibor fueron los primeros núcleos que se fundaron en el valle del Ibor. En su fundación, ambas eran aldeas. Ya en el siglo XIV, La Avellaneda fue creciendo a la vez que surgieron nuevas alquerías (conjunto de casas de labranza o granjas lejos de un poblado), como Las Colmenillas y Castañar de Ibor.

Durante el siglo XV, muchos de los vecinos de La Avellaneda (junto con otros que llegaron en esta época) se trasladaron al IMG_2234 actual emplazamiento de Castañar de Ibor (fundándose así este pueblo).

Según se ha escrito, este “despoblamiento” fue debido a las termitas, muy abundantes entonces. Es posible que un aumento de éstas precipitara los acontecimientos, pero los motivos más lógicos por los que parece que se produjo esta marcha de La Avellaneda a Castañar de Ibor son los siguientes:

* Valle muy pequeño en La Avellaneda, incapaz de albergar un número elevado de habitantes .

* Confluencia del Viejas con el Ibor mucho más próxima a Castañar de Ibor que a La Avellaneda y con mejores suelos y posibilidades tales como pesca, vegas, etc...

* Presencia de goetita (óxido de hierro cristalizado), que era un mineral de hierro de gran importancia en aquel entonces más cerca de Castañar de Ibor. 

DSC_0778* Vacío poblacional en la zona de Castañar, sin ningún municipio existente.

* Más cercanía desde Castañar de Ibor que desde La Avellaneda a Guadalupe.

* Bonanza y salubridad del clima de Castañar, ideales para asentarse.

* Abundancia de agua en Castañar de Ibor y en sus cercanías en forma de fuentes, en forma de ríos y en forma de arroyos afluentes de los anteriores ríos.

* Presencia de arboles aprovechable en Castañar como castaños, olivos, alcornoques, robles, encinas…

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* Incluso también pudo influir la reconstrucción del Puente del Conde, entre los castillejos de Alija y Peñaflor, a cargo de Diego López de Zúñiga (2º Conde de Miranda del Castañar), a finales del siglo XV, por donde pasaba la Cañada Real, pagando impuestos; desde donde se derivaban varios caminos por La Jara y por Los Ibores (con posibilidades de desviarse hacia Guadalupe y Robledollano, algo que fue muy codiciado por los ganaderos trashumantes).

* Además, también pudo ayudar a tomar la decisión de marcharse de La Avellaneda a Castañar el hecho de que en el siglo XV, los arzobispos toledanos limitasen el poder de los ganaderos y facilitasen el cultivo de extensas parcelas para incrementar la producción mediante sus Sentencias Arbitrales. Esto pudo ocurrir en Castañar, ya que era un lugar poblado de castaños, con numerosos olivos (lo que podría ser un mejor medio para sobrevivir para los ganaderos que hubiese en La Avellaneda, ya que trabajar las tierras les era facilitado mientras que vivir del ganado les había sido dificultado por los arzobispos).

* Por otro lado, el Concejo de Talavera también colaboró en la expansión repobladora, ya que en las repoblaciones señoriales (que era el caso de Castañar) el rey concedía prerrogativas jurisdiccionales al señor (que en este caso era el arzobispo de Toledo o el Concejo de Talavera) y daba otras a las pobladores (no tenían que pagar los impuestos reales, y se convertían en propietarios de los bienes rústicos que les tocaran en suerte o de parte del aprovechamiento de esas propiedades). Esta “oferta” pudo ser muy tentadora y provechosa para los habitantes de La Avellaneda y decidirían aprovecharla.

Pese a esto, La Avellaneda no se despobló entonces, sino que siguió contando con un número importante de vecinos hasta finales del siglo XVIII (siguió habitada, al menos, hasta 1752).

IMG_6057 A finales del siglo XV fue construida la iglesia que se encuentra entre las ruinas de este pueblo y que dependía de las iglesias talaveranas. Dicha iglesia tenía como patrono al Cristo de La Avellaneda (una interesante talla policromada de finales del siglo XV), cuya devoción pasó al mismo tiempo a los habitantes de Castañar (no hay que olvidar que buena parte de los habitantes de Castañar procedían de La Avellaneda). La construcción de una iglesia significaba que se trataba de un pueblo con un considerable número de habitantes y con una cierta estabilidad y prosperidad.

A mediados del siglo XVII, la zona de los Ibores se vio afectada por unas pestes que originaron un gran descenso demográfico, que fue agravado por la posterior Guerra de Sucesión. La economía seguía siendo agropecuaria y autoconsumista. En esta época, los pueblos de la Campana de la Mata consiguieron la exención (supresión de cualquier tipo de unión) de la ciudad de Plasencia. Sin embargo, Castañar, La Avellaneda, Navalvillar y los pueblos de La Jara siguieron formando parte del Alfoz (distrito con diferentes pueblos que forman una jurisdicción sola) de la Tierra de Talavera, aunque con gran libertad y autonomía con respecto al señorío del Arzobispado de Toledo.

A mitad del siglo XVIII y tras la Guerra de Sucesión, la población se recuperó del descenso que había sufrido, tal y como se refleja en el Catastro del Marqués de la Ensenada (Zenón de Somodevilla y Bengoechea, ministro de Fernando VI y de Carlos III) publicado en 1755, pero con datos de 1752, La Avellaneda contaba con 19 vecinos: 13 pecheros (los que poseían alguna propiedad urbana, rústica y/o animal, por la que pagaban impuestos), 5 jornaleros y 1 pobre. A éstos había que sumarles 1 anciano mayor de 60 años, 11 niños varones menores de 18 años, 9 viudas y 30 mujeres y niñas. En total, había 70 habitantes que continuaban sobreviviendo gracias al sector agropecuario. La existencia de estos documentos demuestra que a mediados del siglo XVIII todavía estaba habitado el pueblo de La Avellaneda.

A finales del siglo XVIII, La Avellaneda ya estaba despoblada. Se decía que sus habitantes la abandonaron debido a una invasión de termitas (ésta era una explicación que se daba muy a menudo en los siglos XVIII y XIX cuando se desconocía el verdadero motivo de una despoblación). Pero, al parecer, se dieron otras causas para este despoblamiento (aunque también puede que las termitas hicieran acto de presencia) tales como: existencia de un valle muy pequeño, competencia de Castañar, pertenencia de La Avellaneda y de Navalvillar de Ibor al curato de Castañar, etc..

Como se puede comprobar, algunos de estos motivos se dieron también en el traslado de habitantes de La Avellaneda a Castañar en el siglo XV (por lo que se puede deducir que estos factores seguían acechando desde el siglo XV y ya en el siglo XVIII los pocos habitantes que quedaban en La Avellaneda no pudieron aguantar más estas condiciones de vida y terminaron por abandonar el pueblo), también se sucedieron en otros lugares originando hechos similares.

Como prueba de esto, está la manifestación del secretario de Belvis de Monroy en aquella época, cuando justificaba sucesos similares en su zona: “las verdaderas hormigas que han aniquilado ésta y otras poblaciones son los adehesamientos, los ganados trashumantes (que se han apoderado de los pastos, impidiendo a los naturales la crianza y labranza sobre sus mismos terrenos), la peste de los siglos XVI y XVII, la decadencia de la agricultura y otros vicios”…

Fuesen cuales fuesen los motivos del despoblamiento, lo importante es que desde entonces La Avellaneda perdió a todos sus habitantes. Pese a esto, el ya despoblado pueblo de La Avellaneda seguía perteneciendo a la Vicaría de la ciudad de Talavera de la Reina, al igual que Navalvillar de Ibor y Castañar de Ibor. No se han podido obtener más datos acerca de hechos y documentos relativos a este pueblo debido a la negligente pérdida de los Archivos en los años 60.

Seguramente, las instalaciones que quedaron abandonadas serían utilizadas como corrales; y también como refugios, escondites,… en las guerras que se sucedieron tras este despoblamiento, como las guerras carlistas.

Lo que sí se sabe con total seguridad es que en las últimas décadas de nuestros tiempos sí ha habido gente viviendo en el pueblo de La Avellaneda. Se trataba de personas que tenían tierras cercanas a dicho pueblo y/o tenían allí su ganado. Pero en la actualidad, La Avellaneda se ha vuelto a convertir en un pueblo totalmente deshabitado. Las únicas personas  IMG_6060que “viven” de vez en cuando en el lugar son personas que han arreglado algunas de las casas en ruinas de ese pueblo y las han reformado para pasar allí unos cuantos días de vacaciones.

Como se ha dicho anteriormente, la devoción al Cristo de La OLYMPUS DIGITAL CAMERA         Avellaneda pasó al pueblo de Castañar de Ibor (ya que la mayoría de los habitantes que poblaron Castañar procedían de La Avellaneda).

Como ofrenda al Cristo, el 15 de mayo de cada año, los castañeros sacan la talla policromada de finales del siglo XV, (que antaño estaba en la iglesia de La Avellaneda y que en la actualidad se encuentra en la Parroquia de San Benito Abad en Castañar), y la llevan a hombros por las calles de Castañar para que la gente la vea. Cuando ya han hecho esto, la trasladan hasta La Avellaneda en un camión seguido de coches en los que viajan sus devotos para realizar una romería.

Una vez allí, llevan al Cristo a la iglesia de dicho pueblo, donde le rezan y se celebra una misa en su honor. Después, cargan la imagen a hombros en procesión por las calles del pueblo para llevarla finalmente a la Era del Rollo, situada a unos 300 metros de La Avellaneda. Tras esto, vuelven a llevar la talla cargada a hombros a la iglesia y los fieles pasan una tarde campestre en La Avellaneda junto al Cristo. Por último, se realiza el regreso hacia Castañar de Ibor para llevarse la imagen del Santísimo Cristo de nuevo a la Iglesia de San Benito Abad.

Hay otro evento religioso en el que se saca la imagen del Cristo de Castañar a las calles, pero esta vez a las de Castañar de Ibor. Se trata de una procesión que se realiza el Lunes de Pascua por las calles de dicho pueblo para llevar la imagen hasta una ermita que hay en el pueblo dedicada al Santísimo Cristo de Castañar. Allí, se le reza una misa, la gente le hace sus ofrendas y después se vuelven a llevar al Cristo a la iglesia, cargado a hombros.

Como curiosidad, hay una anécdota que dice que hace muchos años, cuando se estaban llevando al Cristo en procesión desde Castañar a La Avellaneda para hacer la romería, el señor cura en ese momento decidió llevar al Cristo por otras calles distintas a las que usaban todos los años. A medida que avanzaban en la procesión, se empezó a levantar un fuerte viento que les impedía continuar. Entonces, el cura y los devotos decidieron llevar al Cristo de vuelta a la iglesia y volver a empezar la procesión, haciéndola esta vez por las mismas calles que habían usado todos los años anteriores. Mientras hacían el recorrido de siempre, el fuerte viento desapareció en cuestión de segundos y el resto del día hizo un sol espléndido. Desde entonces, la procesión se hace todos los años por las mismas calles.

11 de mayo de 2010

Ruta a La Torre de los Moros

Salimos desde el Centro Medico de Castañar de Ibor,vamos al lado del Colegio para ir al camino de los molineros, vemos; encinas, alcornoques, jaras y diversos matorrales más, también olivos al ser lo que más abunda, descendemos, hasta llegar al camino de malviento.

Nos dirigimos al puente de los molinos, pasamos y vamos hasta llegar a un secadero que se usaba antes para secar tabaco y pimientos.

A unos metros del secadero se adentra un camino que nos lleva hasta la torre, nos acercamos podemos observar como esta formada, a base de piedra y mortero bastardo, la puerta está en un pequeño alto, parece que al lado había un foso, esta tiene varias alturas, el techo tiene forma de cúpula esta hecho de pizarra.






Los atrevidos se pueden subir a la zona superior a través de la ventana, está en la parte inferior tiene unos peldaños que llegan hasta arriba, hay una gran vista a todo nuestro alrededor, bajamos, alrededor de la torre vemos escorias, de los minerales que traían de la mina Ibor, a partir de un túnel que las unían bajo tierra pasando bajo el río, esta, está pasando el río unos 20m más abajo.

Damos un paseo por la orilla del río hasta llegar a un vado, esté es un sitio para deleitar y ver el río y toda la vegetación que le rodea.



Nos damos la vuelta, y nos dirigimos al pueblo por la orilla del río hasta llegar al puente aquí subimos al camino, a partir de aquí es cuesta arriba hasta llegar al camino de malviento, desde esté vamos al camino de los molineros paramos un par de veces para coger aliento y reemplazamos la marcha hasta llegar al cementerio, desde aquí hasta llegar a nuestro punto de llegada, al centro medico.

8 de mayo de 2010

Ruta al Cerro Castillejo.



Salimos de la Plaza de España de Castañar de Ibor, vamos callejeando hasta llegar a la calle Castillejo, desde está vamos a la Avd. de Extremadura.

Vamos al camino de los Apachos, es todo subida, vemos huertas, árboles frutales, quejigos, jaras, alcornoques, retamas, brezos y olivos que es lo que más abunda.
Llegamos a una planada, tomamos aire, miramos a nuestro alrededor y seguimos a partir de aquí son pinos y monte seguimos por las veredas que tienen hecha los animales.


Llegamos a la pedrera seguimos nuestro camino entre grandes riscos, ¡¡¡¡ya estamos llegando!!!!
Vemos la muralla nos adentramos, nos encontramos una cueva no sabemos la utilidad que tenia, nos volvemos a la muralla y rodeamos la cumbre desde aquí vemos; el cancho de las narices, el camorro, el valle del Ibor, la sierra de las villuercas.



Al ser curiosos buscamos, vemos fósiles marinos y también alguna pintura.
Retomamos el camino nos dirigimos hacía a bajo por los riscos, encontramos una cavidad de tamaño regular esta tiene fósiles, seguimos hasta llegar al camino de la molinera hacemos otra parada, tomamos agua y seguimos hasta llegar a la carretera.





Cruzamos, seguimos hasta llegar al camino cementado, este tiene el nombre del rincón, seguimos hasta el arroyo, cruzamos y nos dirigimos al camping, en el camino vemos una era, donde se trillaba la miesa (trigo, ceba, avena, centeno y habas).

Nos dirigimos al camping vemos la casa de interpretación de las famosas cuevas de Castañar,

llegamos a la carretera cruzamos, nos dirigimos a la Avda. de

Extremadura hasta llegar a la plaza.


Chorrera de Calabaza





Salimos desde la plaza de España de Castañar de Ibor, vamos por las callejuelas de la parte de atrás de la iglesia hasta la plaza de la cruz verde, cogemos la calleja del pino, dirección al Postuero viendo el paisaje, dejamos huertos a la derecha y a la izquierda, nos encontramos con el arroyo de la pasaera, que desemboca en el rio Ibor, este arroyo nace en el Postuero.




En el camino vemos castaños de madera y castaños de frutos, al finalizar los castaños de frutos nos encontramos el Postuero que hay una maja de cabras.


A partir de aquí empezamos el descenso hasta los castaños centenarios, a la izquierda nos encontramos una pedrera la cual está llena de chiveros (antiguos refugios para los chivos), esto se encuentra entre el rebollar y el robledal, también podemos ver ejemplares de rosas de peonia silvestre, si nos fijamos se puede observar huellas de ciervos, venados y jabalíes.

Llegamos a los castaños centenarios, podemos observar un ejemplar de 17m de altura, a partir de aquí nos encontramos con pedreras a ambos lados, se va cerrando el camino hasta el punto que llega a formarse una vereda, a partir de aquí vemos; enebros, la garganta de Calabaza, ejemplares de loros y diversos árboles más.








Seguimos descendiendo hasta llegar a la chorrera de Calabaza. Bajamos por un camino de piedra para ver la caída que tiene la chorrera.